Etapa 7: Oporto – Escapâes

Hacemos turismo por Oporto y nos estrenamos en acampada libre.

[lwptoc]

11 de noviembre de 2021. 32 km / 661m+

Nos levantamos con unas curiosas vistas desde la ventana de nuestra habitación. Oporto siempre ha sido una ciudad especial y estas cosas forman parte de ella y sus paisajes.

Las vistas desde nuestra habitación

Nos vamos a desayunar a una preciosa cafetería que está cerca del hostal y allí, volvemos a hacer de las nuestras. Pero es que… ¿Quién puede resistirse ante tanta tentación?

Confeitaria do Bolháo
Mostrador de la Confeitaria do Bolháo

Antes de recoger las cosas hacemos un poco de turismo. Oporto, con sus decadentes calles, es una ciudad bellísima y merece la pena recorrer sus rincones. Sería un error no pasar una mañana disfrutando de este sitio y más si tenemos en cuenta el buen día que hace que da gusto pasear.

Oporto
Oporto
Callejeando
Rincones
Bonita fachada de comercio local

Antes de regresar al hostal para recoger las cosas, por error paramos a tomar algo en la famosa Cafetería Majestic donde nos meten una clavada importante por un par de cafés y un agua con gas. Y digo que nos metemos allí por error porque la intención era de pasar solo a echar un vistazo, casi desde la puerta, porque sabíamos que era un sitio muy caro y lleno de turistas. El caso es que yo entendí que Helena y Silvia querían un café y sin darme cuenta de que estábamos en la puerta de la Majestic, me pareció bien el sitio y así se lo dije a las chicas. Lo sorprendente es que ninguna de las dos me advirtió de mi error y solo unos días más tarde, mientras repasaba mis notas con Helena, fui consciente de dónde nos habíamos metido. Al menos nos hicimos unas buenas risas. Unas buenas y caras risas.

Cafetería Majestic

El día anterior habíamos acordado un cambio de planes y, en vez de seguir hacia el sur por la costa, por miedo a encontrarnos con un paisaje algo monótono, decidimos seguir por el interior recorriendo algunas etapas del camino de peregrinaje a Fátima por lo que comenzamos la ruta cruzando el Duero por el bonito puente de Don Luis I donde, desde su otra orilla, vimos Oporto por última vez.

Para nuestra sorpresa, la ruta ya no atravesaba bonitos bosques ni pequeños riachuelos. En su lugar fuimos pasando de pueblo en pueblo, todos ellos prácticamente pegados unos a otros, con algún que otro corto tramo de eucaliptos, por lo que la etapa de hoy no fue tan bonita como venía siendo de costumbre. En uno de esos tramos fuera de los pueblos es donde conocimos a Sergio, un asturiano que venía haciendo la misma ruta que nosotras pero en sentido contrario, con el que nos detuvimos a charlar un rato. Gracias a él nos ahorramos un tramo de pateo dando un rodeo por el camino que nos indicó.
Continuamos ruta encontrándonos numerosas iglesias con las características fachadas forradas de los típicos azulejos de la zona.

Fachadas especiales

Buscando un supermercado donde comprar algo de comer, dimos con un Continente donde paramos y, ya que se estaba muy bien en su aparcamiento al solecito, decidimos quedarnos a comer en un rincón allí mismo. Está claro que esta aventura nos está volviendo cada vez menos exigentes en ciertos aspectos.

Al solecito
Almorzando en el suelo, cada vez somos menos exquisitas

Al haber hecho turismo por Oporto, hoy no nos da tiempo a hacer muchos kilómetros por lo que pronto tenemos que buscar un lugar donde dormir. Nuestra sorpresa es que no encontramos ningún camping cerca ya que prácticamente todos están ubicados en la costa, por lo que decidimos buscar un sitio donde poder hacer acampada libre. Encontramos un pequeño bosque de eucaliptos junto a un polígono industrial y, alejándonos un poco de la zona urbana, establecemos el campamento. Mientras montamos las tiendas, salen un montón de setas “pedo de lobo” y su característica explosión que nos hace tanta gracia.
Esa noche hubiese sido el momento ideal para utilizar nuestros hornillos pero como ya sabéis, siete días después de comenzar el viaje, seguimos sin encontrar los dichosos cartuchos de gas.

Acampada libre

Igualmente, con lo que nos había sobrado del almuerzo, nos preparamos una sabrosa cena que comimos dentro de mi tienda.

Cenando en la tienda

Esa noche no hubo ducha, ni colada, ni paseo por la playa por lo que, en cuanto se fue el sol, no tuvimos nada más que hacer que echarnos a dormir.

Buenas noches
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